Una historia para contar

Hace unos días un hombre que barre las calles, me pidió un encendedor, yo inmediatamente se lo ofrecí, él se quitó los guantes y se frotó fuerte las manos con un pañito, cogió el mechero casi con la punta de los dedos y después, antes de devolvérmelo, lo limpió, yo quedé extrañada por esta intención a mi modo de ver excedida por demostrarme pulcritud.

Le dije: …hombre no es necesario… y con la voz entrecortada, me respondió:…es que hay gentes que le miran a uno y lo tratan como si fuéramos la misma basura…

Yo no sentí pena por aquel hombre, sino por la situación en la que debe de haberse visto más de una vez, solo porque no es médico o abogado o artista, entonces le tendí la mano y le dije:.. no haga caso, usted se gana la vida limpiamente, mire si es así, que limpia lo que indolentemente ensuciamos los otros.

Con los ojos fijos en mi cara y una linda expresión en el rostro, me dio las gracias.

La sensibilidad, la educación, incluso la cultura, va más allá de la forma en que nos ganemos la vida. Por eso admiro a esos que recogen nuestras basuras y barren las calles, a veces no con toda la indumentaria requerida, exponiéndose a contagios. Sin embargo, limpian las calles, las ciudades, el país y llevan limpia la frente.

Un Hasta Siempre Comandante desde el poblado de Martí

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Este 2 de diciembre los pobladores del Consejo Popular de Martí protagonizaron un momento histórico, matizado con el dolor por la partida física de nuestro padre mayor, pero marcado por el compromiso de continuar haciendo Revolución.

Los martiseños, desde horas de la madrugada, se congregaron a ambos lados de la carretera central para rendirle homenaje póstumo a nuestro líder indiscutible, Fidel Castro Ruz.

Las banderas cubanas y las imágenes del Comandante se multiplicaron en todo el pueblo; nadie se ausentó al solemne encuentro, donde no faltaron las lágrimas de aquellos que, emocionados, exclamaban: “Yo soy Fidel”.

Cuando el cortejo fúnebre que traslada las cenizas del líder histórico de la Revolución cubana recorrió el poblado de Martí, estudiantes, trabajadores, combatientes y pueblo en general le dijeron un “Hasta siempre Comandante”, a quien muchos consideramos el estadista de más renombre en el siglo XX.

A la entrada del poblado que lleva el nombre del apóstol se erguía majestuosa la imagen de José Martí, quien puede verse como una semilla que germinó en Fidel Castro y fructificó en sus luchas, pues fue, sin dudas, el maestro que guió su paso digno por la historia.

“Es inmenso el dolor que se siente por la partida física de nuestro Comandante, expresó Pedra Esperanza Valdés Pérez, diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, pero ahora nuestra mejor forma de rendirle tributo es mantener viva y triunfante, para todos los tiempos, la obra humana de nuestro Fidel, ese gigante que nunca morirá, aunque no se halle físicamente entre nosotros, porque quien siembra para el espíritu cosechará vida eterna”.

“Los martiseños tienen la convicción de que Fidel, desde la eternidad, los continuará guiando, porque los hombres de su talla no mueren, solo crecen, se multiplican en su pueblo”, declaró ante la prensa Danilo Porta Valdés, director de la fábrica procesadora de productos lácteos Geonel Rodríguez Cordoví, entidad con resultados satisfactorios en el cumplimiento de sus planes de producción.

Mario Labrada, Humberto Frómeta y Francisco Rodríguez recuerdan cuando Fidel visitó la fábrica de quesos, en el año 1963, momento que atesoran como uno de los más trascendentales de su vida.

El líder histórico inauguró también, en este poblado, la Empresa Agropecuaria Rectángulo, cuyo objetivo fundamental es la ceba de toros, en aras de incrementar la producción de carne vacuna en el territorio.

Además, el Comandante visitó la finca forestal Las Margaritas, donde vivían los padres del revolucionario Álvaro Barba Machado, quien se destacó, junto a él, en la lucha por la libertad de Cuba.

Los martiseños se niegan a aceptar la idea de que Fidel ha muerto, incluso los más pequeños se rehúsan a decirle adiós a ese hombre que siempre le puso el pecho a las balas para proteger a su tropa, a ese adalid de todos los tiempos, cuya obra es faro y guía para todos los cubanos.

Fidel: la juventud cubana no te fallará jamás

fidel-2Llevo días buscando las palabras exactas que describan la grandeza de nuestro Fidel, y por más que lo intento no encuentro cómo ilustrar tanta grandeza en tan solo unas líneas.

Llevo días tratando de vencer el dolor porque sé que a nuestro Fidel no le hubiese agradado ver a su pueblo triste; entonces, suspiro y detengo las lágrimas para no fallarle.

Llevo días recordándolo a cada instante, como quien no quiere despedirse nunca de ese gigante de pensamiento y acción, y es que realmente no se trata de un adiós, sino de un Hasta Siempre Comandante.

Llevo días y pasaré mi vida entera manteniendo vivas sus ideas, su legado; creo que es el mejor tributo que puedo rendirle a mi padre mayor, ese líder indiscutible que tanto confiaba en las nuevas generaciones.

Hoy te digo: “Fidel, la juventud cubana no te fallará jamás”.

Fidel: paradigma de los niños cubanos

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El pequeño guaimareño Alex David tiene en su cuarto una inmensa fotografía con la imagen de nuestro Fidel. Desde pequeño la miraba con mucha atención y no dejaba de señalar hacia el cuadro.

Cuando Alex creció y comenzó a decir sus primeras palabras, luego de aprender a decir “mamá”, le enseñaron a decir “Fidel”. Entonces, contento, se dirigía a la imagen y repetía el nombre de nuestro Comandante, una y otra vez.

Pasaron los años y a este infante le invadió la curiosidad, quiso saber más acerca de ese gigante vestido de verde olivo que tanto le impresionaba ver desde su niñez.

Fue así como Alex se hizo visitante asiduo de la biblioteca de su escuela, donde se pasaba horas leyendo todos los libros que rememoraban pasajes de la vida de nuestro líder histórico.

Quiso leer todos los discursos del Comandante, sentía que de esa forma sería capaz de entender lo que ocurría en el mundo; incluso, en muchas ocasiones, se preguntaba cómo Fidel podía saber tanto.

Este 26 de noviembre, cuando Alex supo la noticia del fallecimiento del Comandante, no lo podía creer. La tristeza invadió su pequeño cuerpo, pero entonces recordó la confianza que tenía siempre Fidel en las nuevas generaciones y se prometió a sí mismo, no fallarle jamás.

En estos días Alex siente dolor por la partida física nuestro líder histórico, pero tiene la convicción de que Fidel, desde la eternidad, nos continuará guiando, porque los hombres de su talla no mueren, solo crecen.

Este 2 de diciembre Alex David se levantará bien temprano para esperar el paso del cortejo fúnebre que traslada las cenizas nuestro padre mayor, y le confesó a esta periodista que tratará de no llorar porque desde el cielo el Comandante lo mira, y está seguro que él no quiere que ningún niño esté triste.